El Vestido - Proyecto Final de los Talleristas

El Vestido
José David Ávila Gómez, Gustavo Ramírez Hernández

FINAL

¡Ahh!, el olor añejo de mis años, la falta de visión… aun más, esos entrañables recuerdos que me agobian, mi dulce sobrino, Dante, lo quiero, o mas bien todo lo que él me recuerda. Parece que fue ayer cuando en mis años de juventud comenzaba a conocer el amor, ¡cómo la quería!, todavía me acuerdo perfectamente de sus quince, cómo olvidarlo, todo terminó con el vacio de las copas llenas de champaña golpeándose en el aire obsoletas y diciendo salud. Me encantó como aquel sonido de las copas iba al ritmo de las miles de conversaciones, que anunciaban el futuro de mi querida Jenny, cuando ella con el desgastado brillo de sus ojos ya me decía que todo no fue como en la noche anterior… no faltaban las conversaciones que decían algo así…. <>… <>… <>… <> (no falta el imbécil con la frase de cajón). Y la mejor de todas, la que nunca se me olvidara… no puedo defraudar a mis papas, hasta aquí llegamos... no entiendo por qué una frase tan corta, tan….

Cómo olvidar el olor sofocante que rodeaba el vals melancólico que derruía de a poco todo lo que me quedaba de felicidad esa noche y mi primer amor. Ese olor de gente en fiestas se mezclaba con un poco de Carolina Herrera que era el aroma de ella, yo era el único que entre tanta alegría y tanta fiesta no podía sonreír. Vi como lentamente ella se acercaba hacia mi mesa, yo sentado entre sus amigas, y con su apagada mirada me decía adiós, me susurró algo al oído, que tal vez por tristeza no quise entender, adiós, entonces me di cuenta que yo era un desconocido en aquella fiesta que no tenia nada que ver ahí, que era un extraño más…

Después de que aquella niña, vestida de princesa, que por cierto se veía tan hermosa, ya no hiciera parte de mi vida, sólo me quedó esperar con el alma en dos, el bufete que sólo supo a amargura y desamor. Estaban celebrando el paso de su niña a mujer, yo la estaba despidiendo para siempre.

Adiós… nunca pensé decirte eso, nunca pensé que esto fuera a terminar, todo parecía tan hermoso, tan bello, tan perpetuo… Pero lo entendí, nada es eterno y menos el amor, el corazón no esta a nuestro alcancé, no porque es débil ni porque es rojo, es para no poder ver las heridas que nos dejan las personas que amamos, esas personas que dan sentido a la vida pero como dice una canción, “nada es eterno en este mundo”.


COMIENZO

Nada es aislado, siempre afecta a algo más… todo es como un domino que cae ficha tras ficha y poco a poco nos damos cuenta que todo pasa por algo, sea bello u horrible… La vida es como una gran obra que nunca podremos develar.

Terminé un día en unos quince de pura casualidad, de cordado yo que estaba ahí, la quinceañera se llamaba Camila y pues a mi eso no me importó de a mucho, yo en realidad en esos días no quería salir pero mis amigos me quisieron sacar de ese ambiente de estrés. Me quedé sentado en el sofá con un buen vaso de whiskey, aburrido, pero ella apareció como su fuera mi alma la que me daría vida aquella horrible noche o bueno desde ese momento fue una noche casi perfecta.

Entre palabras entrecortadas por el deseo de besarnos entre miradas que nunca olvidaré, la conocí y así nunca la olvidaré.

Todo transcurrió después de esa fiesta, nos llamábamos, hablábamos y decíamos que nos queríamos porque todavía no creíamos que el amor existiera en la distancia, pero poco a poco nos dimos cuenta que las miles de cuadras que nos separaban no eran más que la distancia que podía hacer más fuerte nuestro querer y convertirlo en amor.

Hasta que cometí el error de pelear con la mejor amiga de ella, yo no podía pelear contra eso, de eso me doy cuenta ahora, yo pensé que en ese momento el amor lo podía todo, hasta empezó todo con una invitación, ella cumplía quince primaveras, empezaba a retoñar nuestro amor de verdad, casi tres meses de ser felices y yo esperaba ser su príncipe azul en esa fiesta, deseaba estar allí para verla sonreír, no como una niña, si no mas bien como una mujer, yo sentía cómo una alegría rodeaba toda mi existencia. Aquel día me levante temprano, organicé todo y esperé a que el ocaso se regara ante el sol para poderme arreglar y partir.


EL TAXI

Aquel vehículo se detuvo súbitamente ante mi, era un taxi de de los nuevos, miré a aquel sujeto, un señor con una expresión muy amable, le expliqué que no tenia mucho dinero porque iba a una fiesta y le pregunté si había algún problema en que me rebajara la carrera, lo que aceptó sin peros. Ahí fue cuando me di cuenta que hubiera deseado compartir mi vejez, en la que estoy ahorita, con aquella niña. Le conté al chofer todo lo que había hecho para ir allí, como me había esmerado y sobre todo como la quería, hablamos de la distancia que a ella y a mi nos recorría, de nuestra diferencia de clases sociales que en realidad nunca importó, que después de todo, con un mundo lleno de intereses y de entes materialistas, sólo se podía sentir y de cualquier manera el amor.

Ya es hora de volver a la realidad, Dante este es el vestido… si te contara la historia de este vestido no te lo pondrías, lo único que te recomiendo es que tú sí tengas un final feliz.

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