CÓMO EL PADRE SE CASÓ CON LA HIJA Y CÓMO EL HIJO SE CASÓ CON LA MADRE
(Basado en un texto anónimo de India, siglo XI d. c.)

Natalia Porras, Flaminio Parra

Vivía en el Deján un príncipe llamado Dharma, jefe de distrito, que encabezaba a los hombres de bien; por desgracia tenía demasiados parientes. Su mujer que se llamaba Candravati y que era oriunda del Malaya, era el adorno de las mujeres más hermosas y procedía de una gran familia. De aquella unión nació una hija a la que llamaron Lavanyavati, nombre que le cuadraba muy bien.

Mas esa belleza subrayada, no estaba muy de acuerdo con el tamaño del final de sus extremidades inferiores. Sus alargados pies no eran modelo de belleza sino más bien, para sus vecinos más antiguos, constituía un símbolo de experiencia y sabiduría ya que con ellos, se habrían recorrido muchos caminos. Los parientes de Dharma sabían de la belleza de su esposa y no perderían oportunidad para repartirse los reinos y riquezas del rey Dharma.

En casa de Simhapararana, cuñado de Candravati, fueron convocados a una conspirante noche los parientes más cercanos del Rey. El motivo de tal reunión fue el de dejar volar en alto todas las rupias que pudieran haber sido soñadas por esas mentes avaras y carentes. Todo con la firme belleza de la madre en el entrecejo, a manera de premio.

Dharma, su esposa y su hija, deciden como lo hacían en cada festivo religioso, purificarse en las aguas del río Ganges; para lo cual se organizaron con sus mejores trajes y atavíos y se dispusieron camino al ritual. A mitad de su ruta, Candravati le comentó a su esposo de un mal presentimiento, con lo que logra convencerlo para cambiar su decisión y elegir una desviación. Previamente ella se había puesto de acuerdo con su amado Simhapararana, su hijo Candasimha y el resto de parientes para emboscar a su familia y a su propio pasado; lugar en el tiempo en el que un hombre limpio, con un futuro pagado de nombre Dharma se fijo en ella y decidió amarla.

Los parientes de Dharma configuraron su operativo ocultándose a lado y lado del camino. Ya Simhapararana estaba mentalmente preparado para asestar la daga en el pecho de su hermano y aunque corriera todo el sudor frío por su espalda, no dejaría pasar por alto la posibilidad de asegurar su cama y su cena.

Fue ese afán el que le permitió convertirse en felino y saltar al frente de la familia real. Los parientes observaban con sed el espectáculo que se desarrollaba en aquel camino al Ganges. Catorce golpes fueron suficientes para callar los estertores vitales del rey, catorce golpes fueron suficientes para calmar los gritos aterrados de una hija y catorce segundos fueron suficientes para cambiar un esposo.

Es tal el giro, que la vida causa entre nosotros los habitantes del mundo, que perdonamos pasados lejanos sin olvidar e inclusive acariciamos la muerte cuando mas nos sentimos vivos, talvez sea esto, una hija herida en su honor y capaz de transfigurarse en otro ser que acepta asumir el rol de esposa de su captor.

De manera que, a causa del error en que incurrieron tocante a los pies, el padre se casó con la hija y el hijo se casó con la madre, de suerte que la madre vino a ser la nuera de su hija y la hija vino a ser la suegra de su madre. Con el tiempo, las dos mujeres tuvieron con sus dos maridos hijos e hijas, los cuales a su vez engendraron otros hijos. Y así vivieron largo tiempo Candasimha y Simhapararana, con sus esposas Lavanyavati y Candravati.

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