Fragmentos del Diario de Diego Conde
Jorge Armando Laguna Rivera

Martes 18 de septiembre

En la madrugada

Me despertó un gran estruendo que venía de las tejas, que se alternaba con un aullar, como el llamado de un ave. Pero no creo que las aves salgan a pasear a media noche. Puede ser un murciélago… los murciélagos no son aves… ya ha dejado de sonar.

En la tarde

Hoy amanecí cansado, como si en la noche hubiera cargado con los sueños de toda la humanidad. Amanecí con moretones en mi pecho.

Jueves 20 de septiembre

En la madrugada

Otra vez está encima del tejado; debe ser un animal grande porque cuando pasa hunde las tejas, provocando un ruido fastidioso.

Sábado 22 de septiembre

En la mañana

Hoy salí con Valentina a tomarme unas cervezas y a conversar con ella de literatura, de sus gustos, y me comentó que le gustaba mucho Bukowski; que a los trece años se encontró con un libro de él, pero que hace pocos meses se vino a enterar que era Bukowski. Cuando me contó esa historia fruncí mi frente, ella se dio cuenta que no le creí, a lo mejor se sintió inferior ya que me la pasé hablando durante toda la tarde y parte de la noche de literatura; sin embargo esto no quiere decir que me ha dejado de gustar, tan sólo me decepcionó un poco…

Domingo 23 de septiembre

En la madrugada

Hace unos minutos escuche a un niño llorar en el tejado… acabó de gritar otra vez… Es un gato que imita el llanto de un niño.

Martes 25 de septiembre

En la madrugada

Otra noche en vela por el gato, debe estar buscando ratones en el tejado.

Miércoles 26 de septiembre

En la madrugada

Me tienen harto estos animales, he cogido una escoba y he golpeado el cielo raso; al parecer se han alejado.

Más tarde

Me volvió a levantar el ruido de las tejas, ese animal está caminando, parece que comprimiera las tejas a cada paso.

Jueves 27 de septiembre

En la madrugada

Ahí está, me ha pegado un maldito susto que me hizo brincar de la cama. Está encima del tejado de mi habitación; está aullando y parece desperado; por ratos le sale un chillido de bebé. ¿Será que es una bruja que se roba los niños?

Sábado 29 de septiembre

En la noche

Hoy salí con Valentina por tercera vez, esta vez sí la besé, no como hace ocho días cuando el pudor y las insensatas palabras que me dirigió agudizaron mi misoginia. Aun no se qué somos, espero que novios. Si supiera que no he hecho más que pensar en ella, de seguro presumiría con alguien de mi debilidad. Muchas veces es mejor hacerse el duro con estas situaciones y dejar que las cosas fluyan sin demasiada exaltación sentimental. Ella se ve que es una persona bien… además está buena… tiene esa facultad que a pocas les he conocido (bueno también es cierto que no conozco a muchas), que es la de discutir conmigo.

A veces me levanto y sueño en las cremosas tonalidades que le darían a mis labios los suyos, sin embargo a mi vientre entra un viento de restricciones engalanadas en mis convencionalismos. Y aun es muy pronto para dispararle un te amo. Ella se ha vuelto el fetiche de mis últimas semanas y el licor que compensa mi desahuciada realidad. Se ha convertido en eso, en un concepto que mi mente y mi corazón han elevado al inquebrantable atributo de lo divino. Pensar en ella, vivir por ella los sábados, día en que hemos convenido encontrarnos. He resuelto mi vida para el sábado. Hoy se ha deslizado levemente por mis ojos absorbiendo mi mirada en la suya, ha entrado libre en mí, ha destrozado las barreras de la misoginia. Se ha encallado en mí.

Domingo 30 de septiembre

En la mañana

Hoy me ha mirado, hoy creo en Dios. Bécquer jamás se ha metido en mis labios con tanta pertinencia como anoche, cuando al ritmo de una cerveza y una tonada le dije que era mi mundo, que mi cielo estaba en la hendidura de sus ojos, que mi infierno eran las llamas que azotaban sus labios. Cuando me miró, baje mis ojos tratando de ocultar la vergüenza que me provocaban las palabras dichas en otros tiempos, cuando puteaba a las mujeres y engalanaba mi discurso en el odio hacia ellas. Bajé la mirada temiendo que viera lo que había hecho, temí que me odiara por ello, hoy espero una llamada.

Lunes 1 de octubre

En la madrugada

Las tejas suenan; mi abuela me contaba que en las noches en el pueblo, unas grandes pizcas se posaban encima de las copas de los árboles. Debe ser una bruja.

Sábado 6 de octubre

En la mañana

Valentina y yo hemos acordado vernos todos lo sábados, a mí me gustaría verla más seguido, pero al planteárselo me evadió con unos argumentos algo tontos, que un sábado nos habíamos conocido: “esto no creo que funcione en otro espacio que no sea éste o en otro tiempo que no sea éste”. La verdad no me gusto el condicionamiento, jamás me ha gustado que me condicionen y hagan una tautología con mi existencia. Es como decir que el sapo tan sólo sirva para comer moscas, ¡no!, ya los cuentos nos dan otra perspectiva. Cuando yo le di a escuchar mi parecer, ella muy tajante y orgullosa me dijo que éste era el mundo real.

En la noche

En la vida siempre hay una búsqueda. En la sexualidad animal: la reproducción. En el erotismo: una búsqueda de satisfacción ajena a inundar este mundo de chinos. Sin embargo con ella yo comprendería tanto lo uno como lo otro, me gustaría deleitarme a diario con sus pezones pero también alardearía de ellos en la boca de un hijo. Esta tarde sus cabellos se hundieron en mi cráneo, los fluidos no me importaron porque eran de ella, y los míos que desde algún tiempo se habían derramado en mi mano, hoy fluyeron por los canales de su piel.

Domingo 7 de octubre

En la madrugada

Acabo de llegar de un bar. Son las tres de la mañana y su olor se encuentra tan fresco en mi piel que mientras tomaba, también dormitaba en sus brazos. Hable con mis amigos toda la noche de ella, de su embrujo, de ese reconocimiento de lo sagrado que hay en ella; ellos desconocieron mis palabras, sobre todo Augusto, que conoce mis antecedentes. Me reprocharon mi alineamiento ante una cuca. Les dije que no cuestionaran mi sentimiento, y cuando dije esta ultima palabra, Carlos me reprochó como venganza de una noche en la que se la monté con Clara.

Martes 9 de octubre

En la madrugada

Está encima del tejado, aúlla pero ni por eso dejo de pensar en Valentina, ¿donde estará? No tengo ni el numero de su celular, ni se donde vive. La tarde en que apreté sus pechos, estuvimos en un motel de la primera de mayo; por lo general siempre insiste que me vaya primero y cuando no lo hace, me acompaña a mi casa. Se ha ido.

Jueves 11 de octubre

En la mañana

Estoy a dos días de verla, hoy me voy a peluquear porque según ella, y le creo, el peinado no me queda; quiero que me vea diferente. Le compré un libro, “Ojo al Cine”, de Andrés Caicedo. Según me ha comentado ha leído toda su obra, menos ésta, que desconocía hasta que se la comenté.

Sábado 13 de octubre

En la noche

Había estado leyendo y de un momento a otro una precipitación existencial se apoderó de mi cuerpo, con tanta fuerza que mi cerebro sintió un espasmo en la coronilla. Algunos dirían “ojo marica que es un derrame”, y yo intercalando sollozos, le contestaría que es cierto lo del derrame de insatisfacciones que se han apoderado de mi cuerpo, sobre todo cuando recuerdo este compendio de sentimientos que se vuelve inmanejable en la escritura. Uno llega a cuestionarse si se dedica a pensar o a escribir lo pensado, y es ahí en donde la velocidad de las emociones aventaja al pensamiento. Es cuando tiemblas y te rueda una lagrima malograda por la piel, y todo por quien no debería significar más que una molestia en la mención de tu mundo. Así me encuentro, desalentado por el discurso que ella me emitió hoy. Esta tarde la mire a los ojos y fue como si un rayo partiera mi cuerpo, como si sus ojos estuvieran juzgando mis trasnochadas y mi falta de higiene. Supe que me señalaba el pene cuando dormía y que besaba mi cuerpo con deseo. Supe que me hacia el amor en las madrugadas y que aullaba como un niño alucinando lo que apetecía su vientre. Desde que la conocí, conocí también el ruido de las pailas del infierno en mi tejado.

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