UN BESO FRÍO
(Basado en un cuento de Evelio José Rosero)

Rosa Moreno

Roberto Grillo, hombre de nariz recta y casi perfecta de 30 años, soñador y emprendedor “como muchos”, pero fumador incontrolable, pasaba interminables horas caminando por las calles; en especial le gustaba visitar parques, restaurantes y ¡como no!, bares, aunque en algunos ya estaba vetado por incumplido. Todos estos lugares le agradaban ya que encontraba innumerables situaciones que lo inspiraban. Un día como cualquiera se dirigía al restaurante donde trabajaba Luna, una amiga de siempre, mas en cada paso que daba deseaba no encontrarse con sus amigos ya que les falló en un toque. Por unos instantes se detuvo en una esquina de la calle 19 y buscó los cigarrillos. Encontró el paquete vacío. Lo estrujó y, sin saber por qué, volvió a guardarlo en su gabán. Antes de entrar al restaurante miró a través de los cristales. Ahí estaban ellos. Le hicieron una seña, con más desesperanza que alegría. Se sentó con ellos y entre todos empezaron a reunir las pocas monedas que encontraban en sus bolsillos. Pidieron el licor más barato, pues con todo el dinero que juntaron se notaba la escasez, y sin más espera comenzaron a beber. Entre charla y trago, hablaron del fin de “Stone of the soul”, la banda que antes conformaban. Uno de ellos, Bileto, el bajista, decía que debían continuar, que como grupo estaban jodidos, pero como banda musicalmente estaban del putas, que todo funcionaría si todos estaban dispuestos… Anazaret y Agares, los guitarristas, se empeñaban en que las cosas funcionarían sacando a Grillo, la voz líder, pues no aportaba nada y sí los metía en líos. En los bares ya no los aceptaban ni los apoyaban y era más difícil para la banda con él a bordo.

Mientras todos discutían, el baterista, que era el más robusto de todos, de un golpe extendió a grillo en el suelo, lo levantó de la solapa y lo lanzó contra la pared diciéndole: "usted guiñapo, payaso, que estudió y sacó una profesión gracias a sus padres, no sirve para nada, su existencia es sólo para causar daño a los que lo rodean.” Exaltado, Grillo se soltó como pudo y les preguntó qué habían hecho ellos con sus vidas, además de dormir con mujeres, fumar, drogarse y tomar licor. Todos se sentaron nuevamente en sus lugares y en una paz tenue como la del mismo cementerio, se miraron unos a otros por un largo rato.

Empezaron a susurrar y a entonar una de sus canciones, que decía algo así: “guerreros de piedra, fumemos hierba, matemos gusanos a nuestros pies”… Agares tomó del hombro a Grillo, "parcero, hermano, sos la voz, la vida de estas letras, la fuerza de esta banda, pero nunca cumples, cada vez que hay toques te escabulles o te drogas, y te pierdes, tan sólo estás para las grabaciones y eso no sirve hermano, ya hablamos y Stone of the Soul llego a su final." Bileto llamó a Luna y le pidió le trajera el paquete que estaba guardando para esta ocasión. Ella, con sus ojos enrojecidos, le entregó esa caja a Grillo sin palabras como quien despide a un muerto con tristeza, y con la seguridad de no volverse a encontrar en el camino se empezaron a ir uno a uno…

Solo y aturdido frente a esa caja que contenía la historia de la banda , Grillo metió sus manos al gabán y se encontró sin dinero. Se levantó y salió de allí confundido, de tambo en tambo llegó a casa de sus padres, sacó las llaves de su bolsillo izquierdo, abrió la puerta, pasó la sala, entró al baño, y luego ascendió al segundo piso. Miró la puerta de su cuarto y recordó que su padre siempre mantenía plata en su mesa. Se dirigió a aquel cuarto, abrió la puerta y los observó con gran tristeza. Como un vil ladrón se escabullo dentro, con gran delicadeza, con sus ojos nublados, buscando un punto fijo en la oscuridad. Se acercó a la mesa, abrió el cajón, tomó unos billetes y al sacarlos rozó algo frío como el mármol. Era un revólver. Le causo gran curiosidad y lo tomó en sus manos. Lo pasó por su rostro como si estuviese siendo acariciado por un ángel, sintió paz, pero lo dejó en su lugar. Al cerrar el cajón, sintió que su padre despertaba y se acurrucó, cerró sus ojos, respiró profundo y por unos instantes se quedó inmóvil, para luego salir rápidamente de allí.

Grillo llegó de nuevo al restaurante, entró y Luna trató de tranquilizarlo, de convencerlo que no bebiera más, que todo estaría bien para mañana; pero él le pidió cigarros y tres botellas del mismo licor “que aunque barato en verdad embrutece”. Salió de allí enloquecido, bebiendo y gritando "¡la muerte me llama y susurra a mi oído!"

Llegó al parque de los niños muertos, donde habían estatuas que reflejaban inocencia y miradas perdidas. Grillo se sentó en el centro de ese lugar, terminó su primera botella y dos cigarrillos, destapó la otra y con gran sorpresa vio llegar a Luna con esa caja de cartón entre sus manos. Ella se sentó frente a él y trató de convencerlo que todo estaría bien, que no se preocupara, que todo tenía solución, que tan sólo era cuestión de volver a empezar. Le puso muchos ejemplos de volver a renacer, como el ave fénix o tal vez una flor de loto, que es símbolo de la lucha incansable contra el fracaso.

Pero él no entendía razones, tomó los fósforos, prendió un cigarro y empapó en licor los demos, afiches y letras de la banda. Soltó el cigarro dentro de la caja y le prendió fuego.

—Te amo, pero nunca me viste—, le dijo Luna con tristeza. —Estuve en la oscuridad, esperando por ti, te cegaste por la poca fama que tuviste, pero basta ya, porque desde ahora te quedas solo, sin amigos y sin quien te ame…

Grillo tan sólo pensaba en terminar con esa vida que para muchos no tenía mucho sentido y por un momento de lucidez recordó que como buen vocalista siempre guardaba en el bolsillo de su camisa una grabadora… Empezó a grabar lo que serían sus últimas líneas como el último susurro del viento.

—Por fin cae la noche… su frío envuelve mi cuerpo y llena de placer mi mente, estoy con estas inocentes almas muertas, el silencio se extiende y me hace entender que mi alma está igualmente muerta, hoy madre te pido perdón por no ser lo que quisiste que fuera desde que nací y te doy gracias por haberme dejado ser yo, aunque ahora no me queden más palabras y tan sólo te dejo el frío del sepulcro, de una vida que diste a luz en el mundo, perdón. Dile a papá que él tenia la razón en muchas cosas, mas no le eches la culpa a él, mi muerte es tan sólo el resultado de mi existencia, hemos nacido para morir, nunca se supo quien era el primero… mas hoy yo tomo esa decisión ya que soy el hacedor de mi propio destino, y no se juzguen ni se señalen… yo los amé con esta alma que alguna vez tuvo vida, que hoy se desprende con un suspiro profundo de mi cuerpo y deja tan sólo el frío de una ausencia…

Detuvo la grabación, la retrocedió, la dejó en su bolsillo y se levantó dejando su licor y sus cigarrillos. Salió a correr rumbo a casa. Se quedó frente a ella y la observó por unos instantes con gran tristeza. Con un leve susurro se despidió de ella, entró y se dirigió a los cuartos. Toda ella estaba helada, cada respiro era una despedida y cada despedida un recuerdo. Abrió la habitación de sus padres, entró con mucha cautela, tomó el revólver con su mano derecha, lo metió en su gabán, se paró cerca a su madre y con lagrimas en sus ojos sacó la grabadora, se la puso entre las manos, le dio un beso y sin palabras salió huyendo de allí…

Su madre sintió su corazón latir mas rápido y un vacio en su vientre; empezó a escuchar la despedida de su hijo y dio un grito desesperado. Despertó a su esposo, llamaron a la policía y la pusieron sobre aviso. Enviaron una patrulla al parque de los niños muertos, pero cuando los dos policías quisieron reaccionar, Roberto Grillo sacó el revolver y se descerrajó un tiro en la cabeza.

—Esta noche me dio un beso—, decía su madre, y se lo repetía a todos.

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