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Finalizamos este proyecto

Damos cierre definitivo a nuestro proyecto Talleres de Creación Colectiva en Literatura, con la publicación de los textos finales producidos durante el mismo.

El trabajo sobre estos textos se realizó de la siguiente manera: Los talleristas, agrupados de a dos, tres y hasta cuatro personas, presentaron a los directores de los talleres sus propuestas de historias y personajes. Cada uno de los tres directores "adoptó" a varios de estos grupos, de forma que todos los colectivos creativos contaron con el apoyo y seguimiento permanente de uno de los directores (aunque siempre hubo libertad de que recurrieran a otro de los directores para obtener otra opinión).

Cada grupo desarrolló unos personajes y un esquema de historia, y le fue dando forma al relato de la mano de los directores, que aportaron pautas e ideas tanto en la metodología como en la historia misma. Los colectivos presentaron borradores sucesivos de historias que fueron corregidos por los directores, quienes a su vez recurrieron a su experiencia como creadores colectivos para ayudarles a subsanar los conflictos en las historias y las divergencias de estilos. Las correcciones hechas a los textos fueron luego revisadas en conjunto.

Algunos grupos decidieron repartirse el trabajo, cada miembro del grupo escribió una parte del texto o desarrolló un personaje, y luego comenzaron a unir los manuscritos en un único texto, con las complicaciones de unifiación de estilos que eso implica. Es una forma inicial de acercamiento a la creación colectiva literaria, pero para que el texto tenga unidad, al final todos terminan metiendo mano al texto. En ese caso, el director que llevaba el grupo ayudó a darle unidad al texto haciendo las veces de editor.

Otros grupos lograron desde el comienzo un proceso de verdadera creación colectiva, en el que todos escribían al tiempo buscando una sola voz, una unidad de estilo, y desarrollando al unísono los personajes. Esos textos fueron más afortunados en su génesis y desarrollo y requirieron un menor trabajo de edición.

En el proceso, algunos grupos desistieron por diferentes razones. En la mayoría de los casos, no entregaron escrito. En otros casos, un miembro del grupo decidió trabajar el texto en solitario hasta darle forma final. Y en unos pocos casos, dos miembros de un grupo de tres reiniciaron el proceso y escribieron en conjunto un texto nuevo. Terminados los talleres, los directores de los talleres nos reuníamos de una a tres veces por semana con cada grupo en sesiones de una a dos horas para aportar ideas, revisar el texto y proponer giros al mismo que lo hicieran más interesante para el lector. Algunos grupos tenían ideas muy difusas, y lograr concretarlas en una historia coherente requirió de dos o tres semanas de trabajo, antes que pudiera hacerse un esquema del cuento y los personajes.

El trabajo de los directores de los talleres llegó a convertirse en coautoría en los casos específicos en los que por la afinidad de uno de ellos con la historia y los personajes, y por la solicitud expresa de los autores, el director que asesoraba al grupo se integró al mismo y escribió en colectivo la historia propuesta. En los demás casos, aunque el director que asesoraba el texto siempre colaboró activamente en la construcción de la historia y de los personajes, y aunque casi siempre llegó incluso a incluir una o dos líneas de su puño y letra, esto no lo consideramos coautoría. La presencia de los directores como coautores de algunos textos fue algo que surgió dentro del proceso creativo con los talleristas, con su venia y a solicitud suya, no un objetivo planteado en el proyecto.

Una vez se venció el plazo para entregar los cuentos terminados, comenzó el trabajo de revisión, edición y corrección de estilo por parte de los directores de los talleres. Aunque cada director se hizo responsable por los cuentos de los grupos que había asesorado, los tres hicimos revisiones y correcciones sobre todos los textos. En algunos casos, se contó con la colaboración de Yenny Karonlains Alarcón en la parte de corrección de estilo, pero su trabajo fue validado por uno de los directores antes de ser propuesto a los autores. Siempre se envió a los talleristas dueños de cada relato el texto revisado para su aprobación. Se buscó que los autores estuvieran de acuerdo con el proceso de corrección y edición. Esto hizo posible que en su gran mayoría, los autores quedaran plenamente satisfechos con el resultado final. Sin embargo, se presentaron un par de situaciones excepcionales que impidieron que la satisfacción fuera del 100%:

  1. En dos de los colectivos creativos, sobre algunos cambios que se les presentaron, los miembros del grupo no lograron ponerse de acuerdo entre sí sobre qué aceptaban y qué no. La decisión final fue tomada por los directores reunidos para aprobar los textos finales que se incluirían en el libro a publicar.

  2. Un virus informático hizo que se perdieran los cuentos trabajados y corregidos de los grupos asesorados por Carlos Ayala. Se recuperaron versiones anteriores, pero se perdió más de un mes de trabajo, y debido a las limitantes de tiempo, fue necesario tomar algunas decisiones sin consultar a los autores.

En nuestra reunión final, los tres directores de los talleres, Alex Acevedo, Carlos Ayala y Néstor Pedraza, presentamos los textos finales y cada uno hizo su preselección sobre los textos que había trabajado (tanto los que había asesorado como otros que había revisado y corregido). Sobre esta preselección y con los argumentos esgrimidos por cada uno, se dio paso al proceso de selección de los textos que se incluirían en el libro.

El compromiso era publicar 10 cuentos en un libro de 150 páginas con un tiraje de 500 copias. En aras de dar la mayor difusión posible al duro trabajo realizado por los talleristas, seleccionamos un grupo representativo de 17 cuentos escritos en colectivo y en individual dentro de cada uno de los 4 talleres de creación colectiva en literatura, y los publicamos en un libro de 180 páginas titulado Simbiosis Virginal, con un tiraje de 1.000 copias. Este libro recoge así, una muestra variada de cuentos de diferentes géneros y estilos, escritos por un total de 31 autores.

La diagramación y el montaje del libro fueron trabajo de Néstor Pedraza. Todo el diseño de portada, contraportada y solapas, fue trabajo colectivo de los tres directores del taller. La portada del libro está basada en el diseño del afiche promocional del proyecto, que también fue creación colectiva de los directores de los talleres. En ambos casos, el trabajo de diseño contó con aportes de Lilian Patricia Alvarado. La contraportada está basada en el diseño del volante promocional del proyecto, diseñado por los tres directores. La fotografía de los directores que aparece en la solapa de la portada del libro, fue tomada por Ivonne Rodríguez y editada por Diana Milena Pedraza, quien además colaboró en la organización y realización del evento del lanzamiento del libro. La impresión la realizó D'Vinni.

Los directores del proyecto nos declaramos plenamente satisfechos. Cumplimos todos los objetivos, algunos con creces, y obtuvimos mejores resultados de los esperados, dentro del cronograma propuesto y dentro del presupuesto inicialmente definido. A pesar de los inconvenientes, el nivel de satisfacción entre nuestros talleristas es bastante alto. Ahora sólo esperamos que el nivel de satisfacción también sea alto entre los lectores. Por supuesto, para hablar de una verdadera Creación Colectiva, se requiere de un proceso de largo aliento, este es apenas un primer laboratorio experimental. Esperamos que muchos de quienes iniciaron este proceso con nosotros, lo continúen junto a otros escritores por venir a nuestras filas en proyectos futuros.

Aprovechando la 21a Feria Internacional de Bogotá, dimos amplia difusión a Simbiosis Virginal: se le hicieron reseñas al libro en Caracol Televisión, Radiónica, Radio Universidad Nacional y Radio Universidad Distrital. Se distribuyeron copias a personal de City TV, revista El Malpensante, revista Número y del cuerpo de prensa de Corferias. Copias de Simbiosis Virginal fueron entregadas en los stands de las universidades Nacional, Distrital, del Rosario, del Valle, de Antioquia, Javeriana y otras. También se entregaron copias a personal de la Cruz Roja, la Cámara Colombiana del Libro, la Universidad Pedagógica Nacional, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Archivo General de la Nación, el Ministerio de Cultura, la Secretaría Distrital de Cultura Recreación y Deporte de Bogotá y otras instituciones. Algunas personalidades como Florence Thomas y Angelino Garzón, personajes de trascendencia en el mundo de las letras en Bogotá como Isaías Peña y Oscar Godoy, personalidades del teatro como el maestro Santiago García y Patricia Ariza, y escritores como Nahum Montt recibieron sendas copias del libro.

Simbiosis Virginal se fue en la Carreta Literaria de Martín Murillo, y también se fue en las maletas de la Secretaría de Cultura de Caldas, el Municipio de El Líbano y los Departamentos de Hulia, Tolima y Córdoba. A Nariño y Santander partieron varias copias. Otras quedaron en manos de personal del Festival de Poesía de Bogotá, el Centro Cultural Islámico, la editorial independiente La Serpiente Emplumada, la Fundación Epígrafe, el colectivo cultural El Ático, la Casa de Poesía Silva, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, la Corporación Colombiana de Teatro, el Centro Cultural El Salmón, el periódico interuniversitario Ex-Libris y varias empresas e instituciones que hicieron presencia en la Feria.

Posteriormente, se han entregado copias a Miguel Rubio (director del Teatro Yuyachkani del Perú), Arístides Vargas (director del Teatro Malayerba del Ecuador), Adriana Mejía, del Teatro Libre, Pacho Martínez del Teatro La Candelaria, Carlos Sánchez, director de la Mezquita Estambul, Emiko Shimokawa, profesora del Departamento de Arte Liberal Contemporáneo de la Universidad de Mujeres Showa del Japón, a personal de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia y a los profesores del Diplomado en Gestión Cultural de la Universidad del Rosario. Algunas copias de Simbiosis Virginal han viajado también a Londres, Salamanca, Bucaramanga, Cali y otras ciudades.

Por supuesto, todos los talleristas y todos los asistentes a los cuatro eventos que tuvimos en la 21a Feria Internacional de Bogotá, recibieron copias del libro, así como todos los demás proyectos ganadores de la convocatoria Bogotá, Un Libro Abierto. Hemos reservado copias para su donación formal a bibliotecas públicas y universitarias en Bogotá.

A continuación, publicamos en primer lugar todos los textos producidos durante los talleres que no formaron parte de Simbiosis Virginal, y luego, los textos incluidos en el libro en el mismo orden en que aparecen publicados.

Casa de Muñecos
Violeta Leuro, Néstor Pedraza

—ÉL NO —grito cavernoso que le hace abrir los ojos, goteos, manchas verdosas en el techo, respiración agitada, manos invadidas por mangueras, intento de liberarse. La represión tiene la voz dulce de los ángeles, tranquilo, está en recuperación, y las manos del ángel se hacen líquido relajante que danza alegre entre su cuerpo. —¿Dónde estoy? —, la voz del ángel se va haciendo distante, en el Hospital de La Divina Providencia, estuvo dos semanas en coma; los ojos comienzan a pesar, —¿quién me trajo? —... Un aguacero tropical lo cubre de púrpura.



Después del grito, todas subimos y vimos a Ángel boca abajo en el pasto escarlata. La orden fue volver a los cuartos y no salir hasta el otro día. Me quedé pegada a la puerta del cuarto esperando el movimiento, las preguntas, opción de libertad. Escuché pasos difíciles y zapatos arrastrados, un chorro de agua golpeaba la hierba, susurros transmitían órdenes. No se habló del asunto, no hubo plañideras, nunca llegó la sirena. Así supe que jamás saldría de aquí.



—Uy, el Rolando tiene pelo —sol intenso, carcajadas, suéltenme hijueputas, devuélvanme mi pantaloneta malparidos—. Pásela, pásela —si nos vamos a empelotar, nos empelotamos todos, ¿o les da miedito?, y el coro se desbordó como si durante días se hubiera cocinado ese anhelo—: ¡Mucha ropa! ¡Mucha ropa! —o todos o ninguno—. De una ¿quién me ayuda con el nudito del bikini? ¿Nadie? Pues me lo quito yo sola —a Marco se le iluminó el camino hacia su objetivo, que ella también se lo quite. La niña que deshacía el nudo de su bikini rechazó la idea con un gesto de asco. —¿La Reina? No, esa se cree mucha cosa —a que la convenzo—. ¿Qué apostamos? —los otros se ocupaban en lanzarse agua mientras se desnudaban, un beso. —Pero abajo. A que no es capaz.

—Hey, venga a jugar con nosotros, la estamos pasando rico —Marco se agotaba en la inutilidad de ocultar su nerviosismo, yo no participo en las sesiones de fotos, tras los lentes oscuros se adivinan sus ojos cerrados. —¿Qué? —hace mucho calor. —Por eso, vamos al agua —, la respuesta lo hizo desistir al fin, no soy pato.

—¿Si vio?, qué le dije —no, pues esa vieja no me botó ni una mirada—. Claro huevón, por eso es la Reina del Hielo —me salió con un cuento todo raro—. Mejor ni se le acerque, que ella es la favorita y de pronto se mete en un problema —las más lindas siempre son las favoritas.

—No, pues, ¿le gustó mucho la cucha?

—¿Cuál cucha?

—Ella, tiene como veintitrés años.

—Que va, si se ve repelada.

—Bueno, pero agáchese ya que estoy esperando la paga de la apuesta.



Abre de nuevo los ojos. Le está amaneciendo un verde claro y un amarillo intenso sobre las sábanas, el bip de la máquina a su izquierda. Botellas conectadas a su cuerpo son atravesadas por la luz de la ventana. Botella tras botella el ámbar se iba acumulando sobre la mesa, haciendo transfusiones fermentadas directo a su cabeza, en la tienda de JR. “Todos podemos ser padres, aquí no vendemos cerveza a menores”, brindaba el aviso institucional con los adolescentes del barrio.

Marco acababa de devolver unas fotos manoseadas, arrugadas y descoloridas, que JR rotaba por lo bajo entre los muchachitos. Celebraba el trato que había hecho con el dueño de la tienda y de las fotos: por cinco fines de semana ayudaría a cuidar a unas peladas en la casona y recibiría un billete grueso. Se la gana suave, le dijo JR, y puede que también coma de sal, porque a usted como que no le ha tocado de eso.



Ella mandó a arreglar hoy a las nenas que han vivido un par de años aquí. Hizo que las lavaran y les pusieran la ropa con que llegaron (estuvo intacta en el clóset de la vieja, bajo llave, como signo de lo que eran y había que acallar). El niño de la manguera ya no se sorprende de los cuerpos desnudos, los ha visto docenas de veces al igual que sus amiguitos desde que aceptaron trabajar aquí para darnos algo de cariño y felicidad, y jugar con nosotras. Vienen durante un par de semanas y luego se van con el cuerpo engrandecido... el corazón lo dejan enterrado en el patio.



Llegó el domingo por la tarde a la casona y la vieja le presentó a las cuatro niñas. Le dijo que sólo tenía que acompañarlas para que no se aburrieran tanto y ayudarles en sus cosas, algo así como una dama de compañía. Eso era todo. Al tercer fin de semana le asignaron la tarea del baño: ellas llegaron al patio, se quitaron la ropa de dormir y se pusieron en hilera frente a él, mirando al piso. Le dieron una manguera, sólo tenía que golpearlas con el chorro y seguir las órdenes de alguien que hablaba desde el balcón: manos arriba, media vuelta, ahora a la del medio, en cuclillas, enjabónense todo, y usted (a la niña que había llegado la noche anterior) deje de llorar, que esto no es nada. Después le dijeron que podía irse, que el siguiente fin de semana trajera pantaloneta de baño porque iban a inflar una piscina para que jugara con ellas en el agua, y que si seguía así, hasta le concretaban una cita con la que más le gustara. Dentro de poco habría carne fresca.



Anoche uno de ellos hurgó con algo de afán mi cuerpo. Me durmieron más temprano que de costumbre. La vieja le dio su paga al muchacho. Nunca me muerden —les impresiona verse reflejados en mis heridas al otro día, cuando me limpian con asco su propia mugre— y cuando son incapaces de seguir jugando, los reemplazan.



Tarde calurosa, piscina inflable sobre la hierba, juegos y apuestas que los dejaron sin ropa, húmedos y cansados. La única que no participó, la Reina del Hielo, fue la que invadió sus sueños. El sexto fin de semana sólo quedaba ella, habían llegado tres niñas nuevas y de las otras nadie dio razón. Ese día le dijeron que no volviera más, que cuando lo necesitaran otra vez lo volvían a llamar. Mientras le daban los billetes, Marco mantenía su pensamiento enfocado en su Reina. Volvió, a pesar de la orden que le habían dado. No lo dejaron verla. Insistió y los de la casa lo sacaron a patadas. Con la boca rota, empezó a idear la forma de visitarla clandestino en las noches.



Click: Delgada y blanca, te pierdes en los enormes brazos peludos, mientras la verga tiesa sobresale entre tus piernas; a diferencia de tus teticas, tu culo ya está formado. Click: Muñeca inflable, ni te inmutas con la incursión que hacen dos hombres en tu cuerpo mientras te cachetean las nalgas. Click: Te amordazan y amarran, aprietan la soga hasta causar llagas, mordiscos que hacen sangrar, son seis, uno te rocía la cara, ¿no vas a beber? Click: Me miras con ojos vidriosos, sin alma, mientras la princesita de rosado se te come el coño, niña mala, mala... Click: Ríes, un muchacho tímido besa tu entrepierna, atrás las otras niñas se van desvistiendo en una piscina inflable. Click: Cinco niñas reciben desnudas un baño con manguera, ¿quién fuera el nene de la manguera? Click: Qué bella, qué mala eres, ah, no, no puedo... Click: Me encanta verte hecha estatua, ¿cadáver?, te levantan la blusa y ni siquiera pestañeas, no puedo más…



Había decidido saltar el muro de la casona, y a lo Romeo subió por el balcón: se encontró con que su parcero Rolando estaba encima de ella mientras tres tipos y una mujer añosa miraban. El flash de la cámara lo puso al descubierto y lo apresaron entre el portero y el camarógrafo. Después de reventarle la cara le impusieron un trato: en ocho días haría parte del grupo de trabajo élite y se ganaría el doble de lo que había recibido en el primer mes, pero tenía que comer callado o lo visitarían en su casa. Aceptó por puro instinto de supervivencia. Para que se fuera tranquilito a su casa, para que no se desviara por el camino, le regalaron una foto: a mamá le daría un infarto si viera esa escena de su niño lavando a una niñita desnuda que llora.



A Marco lo curan con líquidos colgantes. Mariana curaba su piel con el cuerpo roto de las botellas de perfume. Marco se mantiene inmóvil en una cama ajena, lejana y diferente a la de ella, de madera con cabecera adornada por flores de metal, donde él logró visitarla una sola vez sin ser atrapado. Una diminuta ventana enmohecida detrás de él le avisa el día y la noche. En el borde de su cuarto —un altillo con balcón— brillaban de noche las fragancias de pino, eclipse de luna y heliconia marchita. La mamá le llevó fruta esa mañana, los médicos no le permitieron dársela. La vieja le quitaba los chocolates y peluches que le regalaban los clientes, sólo le dejaba conservar los perfumes y las joyas.



Sentada frente al espejo, miro la colección de marcas en mi piel. La nueva es de las profundas, de esas sólo llevo la cuenta de cuatro. No quiero que el niño descubra la perversidad en mi piel. Lo encantador de los frascos de perfume es la fineza de su corte. Mi ritual de ablución; él no se merece este asco. Mi alma se está desvaneciendo. No tengo cuerpo, lo que quede será para el autor de mi única sonrisa. La sangre dibuja filas verticales que resbalan desde mi pecho, unas cuantas se detienen en el ombligo, lugar favorito de los besos de Marco, único acto mío, consciente, voluntario. Hicimos un pacto: sembramos mechones de cabello en una matera con semillas de novios y el tiempo de florecer será el tiempo de nuestra fuga. Sigo el camino escarlata hasta el vientre, la piel se abre, florece. Él besó mi frente, en sueños oí que me susurraba: “date el descanso etéreo.”



Marco terminó con afán la sopa de menudencias que le preparó mamá. Puso la carne helada en su cara amoratada. Apagó la luz. Miró el techo ennegrecido durante toda la noche. Una prostituta. De una prostituta se había enamorado. Le causaba asco, pero no ella. Algo estaba mal. Y si no estaba mal en ese cuerpo manoseado por hombres que no se interesaban en ella, que no apreciaban el valor de su corazón, estaba en ellos, en los que dejaban sobre su piel la baba de la perversión. O en los otros infames, que la despojaban de su dignidad al tallar la marca de sus miradas pútridas sobre sus formas. ¿O tal vez estaba en ella, en sus instintos, en su goce? “Es una puta, una sucia puta. Ella misma me lo ha dicho: nada le queda que pueda ofrecerme, nada que pudiera llegar a considerar mío.” Le resultaba imposible evadir el pensamiento de que ella era una perra que escondía los gemidos de su placer en la excusa de las drogas que le suministraban, o que quizás consumía por voluntad propia, para sentir más y mejor la podredumbre que insertaban en todos sus orificios. Entonces, volvía a verla con los ojos del amor, sentía que podía perdonarle cualquier cosa, lo que fuera. ¿Soportaría por amor el ultraje a que ella se sometía? ¿Cargaría en sus espaldas el dolor de imaginarla cada noche en manos de uno, dos, tres hijos de puta, tres malparidos de lo peor sacudiéndose sobre ella, tan sudorosos como criminales?

Con la mirada fija en el techo, se repite que sólo él puede salvarla. Sabe que arriesga su pellejo, que ella le destrozará el corazón y le robará el deseo de vivir si no logra que deje de destruirse. Por ahora, tiene una cita con ella; en breve se convertirá en uno de esos degenerados que la usan como a sanitario público. Arruga la foto, no tiene escapatoria.



Las que llegan aquí consiguen su libertad cuando se pervierten sus pieles y les ha empezado a ser indiferente la sangre que corre por sus cuerpos. Las arrojan en cualquier calle. Ahora están sentadas en la sala, en el sofá que linda con la puerta. Las cuatro en fila, visten minifalda. Yo llevo un vestido largo y debajo, vendas. Se abre la puerta y con la luz de la tarde huelo por un segundo la libertad. Adiós. Yo no tengo relevo.



Se abre el telón, el de los brazos peludos desviste a la maniquí. Te acomoda en la cama para terminar de sacarte la ropa. Inanimada, ni siquiera se erectan tus pezones con el roce burdo de sus manos. ¿Vives? Tus ojos inmóviles bajo los párpados cerrados parecen negarlo. El macho peludo ordena la entrada de dos ayudantes que te dan un baño con cepillo y detergente, tus extrañas cicatrices resaltan sobre el blanco de tu piel, me excitan. Salen los aseadores y el macho ordena la entrada del muchacho que nos deleitará. El niño lubrica tu piel en aceite. Abre tus piernas y nos exhibe tu vulva abierta por sus dedos. Vuelve a acomodarte. Ya estoy listo, soy el primero en dar la señal. Entran de nuevo los ayudantes, someten al sorprendido nene del aceite, me enardece verlo forcejear mientras descubren su flor anal, qué llanto más enternecedor, voy a consolarle...

—ÉL NO.



Marco vino por mí, es la última función. Sus lágrimas caen en mis labios, con una caricia me recuerda la promesa del balcón, ser la sonrisa de mis últimos instantes. Un pasto de fresas nos espera. Mi piel se ha repuesto de las heridas, ya no hay marcas ni recuerdos. “No estás sola, nunca más”, me dice en un grito que sólo entiendo yo; sólo él entiende mi lenguaje mudo. Solos los dos. Sol de madrugada que saluda mi mañana. Su mano abraza mi pecho, me pide que no me vaya. Respiro su aire. Aún estoy. Libertad del corazón.



Penetro la piel virgen, el nene grita. Bella flor blanca que adorna mi acto. Somos protagonistas de un cuadro sublime. La muñeca se despierta con el grito del sodomizado. Aún no me vengo, ¡¡MIERDAAA!!, ¿por qué se mueve, por qué grita? Él no, insiste la zorra justo cuando estoy alcanzando el nirvana. Mi verga se adelgaza, maldita sea. Los dos ayudantes la sujetan, le golpean el rostro para aquietarla, es una farsa, una estafa, NO PAGUÉ POR UN SHOWCITO DE CUARTA. Me salgo del culito adolescente. Me limpio la sangre y la mierda con las sábanas de la putica drogada que pide por el putico, los dos lloran, que novelón. Mis socios y yo nos vamos sin pagar; que cagadero, justo cuando...



—Lo encontramos tirado en un potrero cerca del caño —Marco está aún aturdido por el tranquilizante, ¿dónde está?—. Usted llegó en estado de coma, casi lo matan a golpes —¿dónde está?, mi Reina. —Cuando lo encontramos estaba sobre el cuerpo sin vida de una mujer joven, de cabello castaño y tez blanca. Lo siento. Tenía varias contusiones en la cabeza y el pecho —Marco sólo sabe repetir, ¿dónde está?— Usted deliraba, repetía "ya florecieron", ¿qué significa eso? —¿dónde está?— Nadie la reconoció —ella no. NO.
—Mañana vuelvo para hacerle unas preguntas.



Estoy por fin, para siempre, contigo. Tendidos sobre el pasto oímos el rumor del río en un bello amanecer. Estás recostado en mi vientre, besas mi piel, mis heridas. Sonrío, acaricias mi rostro, mis ojos, mis labios, me cantas una canción de cuna. En el patio vi anoche que florecieron los novios. Brille para mí tu luz.

Blanco y Negro
Rosa María Moreno, Néstor Pedraza

Esta es la historia del marrano Blanco que entregó su corazón al marrano Negro, y se lo volvió un chicharrón. Cuenta el sapo que Blanco era tan feliz, que sólo se le vio triste por aquel marrano Negro que conoció en lo profundo del bosque del billete de cinco mil. Cuenta que Blanco pasaba la mayor parte de su tiempo en el lago del señor Santander, donde nunca corre el tiempo y todo es siempre igual. Le gustaba ir allí porque era tranquilo y porque las calles que rodeaban el lago eran el camino más corto hacia su marranera. Vivía con la señora Policarpa y nada le faltaba.

Una tarde en que las hojas secas caían de los árboles, Blanco fue en búsqueda de su amigo el sapo en el espeso y sombrío bosque del señor Silva. Allí, en lo profundo, escuchó unos sollozos que le causaron curiosidad. Se acercó con cautela y se escondió tras la sombra de un arbusto, mientras Negro elevaba una plegaria a la luna: “Aquí, frente a ti, cierro el libro de muchos capítulos que nunca han tenido final.” Se acostó frente al pedestal que había utilizado para su ritual y guardó un silencio inflexible hasta que su garganta se encendió en altas llamaradas. “Tempestades se acercan al corazón de este enamorado, es el huracán de mi amor que promete no olvidarte.” Blanco pisó una rama y llamó la atención de Negro, que sorprendido se levantó, se acercó y al verlo bajo el arbusto le preguntó airado: "¿qué haces aquí, de quién te escondes?" Blanco sintió un escalofrío desde la punta de su hocico hasta su crespa cola, y con voz temblorosa contestó: “De ti”. Negro no le dio importancia y rehizo sus pasos hacia el pedestal. Blanco se acercó con un pensamiento repetitivo: “Es hermoso, atractivo, y tiene un hocico tentador.” Con miedo le preguntó: "Qué te pasa, ¿pudo ayudarte?" Negro se mostró agresivo, “no, no puedes hacer nada por mí, son mis cosas y si te las cuento dejarán de ser mías.” Blanco se retiró triste y atravesó el bosque, sintiendo el viento rozar por todo su cuerpo. De improviso saltó el sapo frente a él con una gran sonrisa. Le saludó y al notar su tristeza le indagó sobre lo que le sucedía. Blanco, abatido, le contó sobre Negro y lo cautivado que estaba por él. El sapo soltó una carcajada, “te has enamorado”. Blanco rechazó la idea vehemente, "no conozco el amor y no quiero conocerlo". Salió de prisa hacia su marranera, el viento golpeaba con más fuerza su cuerpo dejándole moretones en la suave piel blanca. Llegó frente a su ama Policarpa y pasó sin saludarla. Se encerró en su marranera buscando soledad para sacarse las musarañas de la mente, repitiéndose una y otra vez que debía eliminar las luces que habían llegado a su alma, oscurecer su ser y así reencontrar la paz.

Pasó el tiempo y Blanco decidió retomar su vida. Cuando el bosque recuperó el color tierra y las noches se hicieron tibias, caminó de nuevo por sus parajes favoritos y sin querer encontró a Negro, echado bajo el peso de su depresión. Temeroso se acercó, se arrunchó a su lado, puso su espalda contra el pecho de Negro, entrelazó sus manos, y Negro sin explicación se sintió tan tranquilo como idiotizado, bajo la enorme emoción que le causó la piel de Blanco. La luna fue eclipsada, como Blanco por Negro. Se marcharon felices; desde entonces hicieron frecuentes sus encuentros. Blanco salía con mil excusas de su marranera. Doña Policarpa decidió seguirlo para saber qué estaba sucediendo y los descubrió con estupor. El tiempo del lago era alterado cuando Blanco y Negro unían sus cuerpos y sus almas. Policarpa se sintió utilizada, pues Negro había sido suyo de tiempo atrás. Continuó observando los amalgamamientos de los dos marranos y se cuestionó durante días sobre la forma de hacer volver a Negro con ella, convencida de que el poder de su sexo lo ataría de nuevo a sus noches. Le prohibió a Blanco salir y lo reemplazó en su siguiente encuentro. Negro quedó frío como cubo de hielo al ver llegar a la mujer que había quebrado su corazón, “¿qué haces aquí?” Con una sonrisa, ella se le ofreció para que le hiciera cuanto quisiera. Él la tomó entre sus patas, rozó su hocico por todo su cuerpo, pero no sucedió nada diferente. Ella no sentía su alma, era apenas el contacto con un cuadrúpedo común, y entendió que entre ellos todo había muerto. Se apartó y se fue sin palabras. Negro regresó al pedestal en medio del bosque y habló con la luna como aquella vez que conoció a Blanco. “Las promesas se quiebran como cristales aplastados por la avalancha del tiempo. He encontrado el final de todos mis capítulos y el inicio de uno más real que ningún otro, uno escrito por la tibieza de alguien que me llena con su ternura.”

Corroída por el deseo de venganza, Policarpa los reunió a los dos en el bosque, donde las hojas caían de nuevo y rozaban sus rostros que se llenaron de preocupación al verla con un hacha entre sus manos. Ella había tomado su decisión, todo ocurriría cuando el reloj detuviera su curso. Los separó con brusquedad y sin dudarlo, clavó el hacha en el pecho del marrano Blanco, le sacó el corazón y lo arrojó a una paila llena de aceite hirviente. Luego obligó a Negro a comerlo, esperando que no encontrara más opción que buscar sus brazos para consolarse. A cada bocado, Negro sentía que incorporaba a Blanco a su ser, que se hacían uno solo, que nada ni nadie podría separarlos jamás. Mientras consumía el último pedazo de chicharrón, Policarpa le pedía que no la dejara, que por él vivía, que le ofrecía el alma y la vida entera, que no lo pondría en la marranera sino que lo llevaría a su propia casa. Negro la despreció y desapareció en la espesura del bosque. Nunca se volvió a saber de él.

Amor en Trance
Diana Carolina Romero, Lilian Patricia Alvarado, Néstor Pedraza
(basado en el cuento Espejismos Dimensionales, de Lilian Patricia Alvarado)

Es necesario tener las güevas muy bien puestas para meterse a comprar perica a la calle del Bronx, y Andrés ya estaba curtido en ese asunto. Había hecho sus primeros pinos consiguiendo bareta a precio de huevo en la ya desaparecida calle del Cartucho, por la época en que se dedicaba a leer a los clásicos en un kiosko de revistas, mientras se fumaba la hierba y esperaba que sus parceros lo llamaran para hacer alguna vuelta. Ahora tenía su proveedor fijo, sus amigos de la estación de policía, su respaldo camuflado entre las costillas. Pero en su experiencia, nunca había conocido a un personaje tan exótico como el del espejo. El tipo estaba sentado, enrollado en una cobija mugrosa a pesar que hacía sol. Se mecía mirando un pedazo grande de espejo, parecía temblar por momentos, y por momentos parecía intentar meterle los dedos al espejo.

De repente se armó una trifulca, una pelea por unos pesos de más o de menos, una de esas estupideces que sólo se cometen cuando el cerebro está frito. El agresor se abalanzó sobre el pedazo de espejo que el balancín humano observaba en silencio, e intentó incorporarlo a la humanidad de su detractor. Su cara terminó casi tan rota como el pedazo de espejo al caer al pavimento. El del espejo apenas había tenido oportunidad de levantarse para reclamar lo suyo. Al hacerse consciente de la situación, expresó su inconformismo con una frase que le caló a Andrés en lo profundo: “Como dijo un cierto Tommy, para qué lo quiere matar si no se lo puede comer. Y ahí le llegó su Popeye a ponerle tatequieto.” “¡Usted lee a Faulkner!”, se sorprendió Andrés. “Tanto leer nos trae aquí, nada de raro tiene encontrar locos obsesivos de las letras como usted en estas calles”, y sacó un espejo de mano al que empezó a picar con un palito, como quien juega con su reflejo en el agua.

—¿Y qué hace con el espejo?

—Quiero ir allá.

—¿Dónde?

—Allá —no dejaba de tocar el espejo con el palo.

—Y por qué quiere ir allá.

—Por Lucy.

Fueron sus últimas palabras. No hubo forma de sacarlo de su trance.

***

—Lucy parecía tener siempre energía de sobra, y cuando estaba conmigo reía con facilidad. Su mirada combinaba la fatalidad con la inocencia. Nos conocimos en la fila de un supermercado, ella discutía con el cajero y yo aproveché para armar escándalo y meterme dos chocolatinas entre el bolsillo. A ella le hizo mucha gracia cuando le regalé una, y comenzamos a hablar. No me di cuenta cómo me enamoré. Al principio, no me importaba que desapareciera durante días, pero luego comencé a sospechar que algo andaba mal. Un día fui a visitarla por sorpresa y encontré que su compañera de habitación estaba tratando de reanimarla. Lucy le pegaba duro a la perica, como veo que hace usted. Yo estaba limpio, no sabía de esos asuntos. Cuando empezó a hablarme de los hombres del espejo, no quise escucharla. Eran alucinaciones muy oscuras, de hombres de aspecto monstruoso; me daba miedo lo que se estaba moviendo en su cabeza. A pesar de eso no la abandoné. Pensé que podía sacarla, que podía salvarla, usted sabe, la película del héroe. ¡Ah, Julio, quieto ahí, usted me prometió un espejo…!

***

La semana siguiente a la conversación truncada de su segundo encuentro, Andrés regresó a la calle del Bronx a aprovisionarse para sí y para sus clientes. Llevaba sobre los hombros una ansiedad particular, un afán por escuchar el final de la historia del hombre de los espejos. Se decepcionó al enterarse de su ausencia. Le contaron que al tipo le dio la loquera unas calles más arriba, se metió en una marquetería y resultó rompiendo un par de espejos. Lo sacaron a patadas y la tomba se lo cargó a la estación. Le clavaron las setenta y dos completas, no volvería a las calles hasta pasado mañana.

Andrés no mostró su cara por la calle del Bronx en más de dos meses. Su negocio con la perica era puro desvare, plata que se levantaba cuando no había más qué hacer. Pero en esas semanas estuvo ocupado en asuntos de mayor calibre, y la ganancia fue buena. Con todo, ya había agotado sus reservas de droga y le salía caro conseguirla por otros medios. Siempre prefería eliminar a los intermediarios, ir directo a la fuente.

Caminaba por el centro de la ciudad, plena calle diecinueve, pensando que máximo ese mismo fin de semana iría a aprovisionarse. Entonces, un indigente lo sacó de sus pensamientos. “Una monedita parce, pa' un espejo.” Semejante solicitud sólo podía salir de un único loco en esta ciudad. “Yo pensando en el mago de los reflejos, y preciso se me aparece”, le gritó con una sonrisa. “Uy, don Andrés, qué pena que no lo reconocí”, cambio radical de actitud y de lenguaje. “Venga, hombre, yo le compro un espejito, pero me tiene que terminar de contar su historia.” Bajaron por la diecinueve hacia la avenida Caracas.

—Son altos, robustos, la piel a veces les cuelga por partes, llega a vérseles la carne viva. Están como armados a punta de remiendos de tejido humano. Hay que tener mucho cuidado, porque viajan a través de los espejos, los usan como puerta interdimensional. Cuando Lucy me empezó a hablar de ellos, pensé que eran meras alucinaciones, delirio de persecución. Me contó que uno ellos que era tuerto y que intentó sacarle un ojo, y en el forcejeo la piel de sus manos se reventó y perdió parte de un dedo. Después me aseguró que ya sabía por qué la perseguían, que ellos necesitan renovar sus partes, sus órganos, para revitalizarse, y que ella había hecho contacto con ellos, por eso ahora la querían para utilizarla como piezas de refacción. Hay que tener mucho cuidado, créame. Espejos hay por todas partes.

—¿Entonces por qué no se aleja de los espejos? ¿Por qué insiste en tener siempre espejos con usted, en tocarlos y mirarlos por horas? ¿No tiene miedo de esos bichos que pueden saltarle de un espejo?

—¡Ah, no, yo quiero que me lleven! —las lágrimas se le desbordaron en un quiebre repentino y se disparó a correr.

Andrés se quedó de nuevo con la intriga. No pudo resolverla tampoco la siguiente vez que se metió a la calle del Bronx, porque encontró al hombre de los espejos tan drogado que no logró sacarle una sílaba.

***

—Hubo días de tranquilidad con Lucy. Nos gustaba conversar en parques, nos sentábamos por horas en alguna banca. Ese día estábamos en el Parque Nacional, amenazaba con llover y la acompañé al baño. La esperé mientras pagaba la entrada, me sentía tranquilo, incluso feliz. Creía que ella podía dejar las drogas por su propia voluntad, que lo estaba logrando. Entonces escuché un grito desesperado y me lancé al baño a buscarla. Usted no podrá creerme, yo que lo vi no lo pude creer. Uno de esos hombres reciclados de los que tanto hablaba Lucy tenía medio cuerpo fuera del espejo, tenía atrapada a Lucy que forcejeaba sobre el lavamanos, y antes que yo pudiera llegar hasta ella y sostenerla por las piernas, la arrastró a través del espejo y desaparecieron ambos. Estuve casi hasta media noche buscándola por todo el parque, repitiendo una y otra vez la escena en mi mente, tratando de entender. Ese fue el inicio de semanas, meses, años de desesperación, de preguntas sin respuesta, de búsquedas infructuosas, de noches de insomnio y terrores constantes. El dolor se instaló para siempre en mi alma, y sólo repudiaba la muerte por la convicción de que un día Lucy reaparecería. ¿Cómo había hecho contacto Lucy con esos bichos? ¿Cómo podían atravesar los espejos? ¿Qué debía hacer para que me llevaran también y encontrarla? En mi desesperación, inventé una explicación: Todo comenzó con la crisis de drogas que me reveló su adicción. De alguna forma, el rapto de Lucy tenía que ver con su vicio. Decidí seguir sus pasos, con la esperanza de hacer contacto, de ser raptado. Y aquí estoy, siempre con un espejo cerca, siempre buscando la forma de entrar en él, siempre esperando que vuelva a aparecer uno de esos bichos y me lleve como a ella.

***

La última visita de Andrés a la calle del Bronx fue hace más de tres meses. Un par de amigos suyos le propusieron una vuelta buena, billete garantizado, pero el asunto salió mal, muy mal. Ahora, Andrés está en el Cementerio Central, dándole el último adiós a su mejor amigo, caído bajo plomo policíaco. Decide caminar por entre los mausoleos y ve a la distancia, frente a una tumba, una silueta familiar. “Warner”, gritó, y su grito desvaneció la silueta. Andrés sintió la necesidad de acercarse a la tumba que segundos antes observaba la silueta desaparecida. Se encontró con una lápida sencilla, adornada con varios espejos puestos alrededor del nombre tallado en el mármol: Lucy.

Alex Acevedo, Carlos Ayala y Néstor Pedraza, asociados como Consorcio Las Filigranas de Perder ante la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, D.C., y miembros fundadores del Movimiento Literario Independiente Las Filigranas de Perder,

celebramos la publicación del libro fruto de los Talleres de Creación Colectiva en Literatura

SIMBIOSIS VIRGINAL



en el marco del programa Bogotá, Capital Mundial del Libro


e invitamos a todos nuestros talleristas, amigos, conocidos, familiares, y a todos los amantes de las letras, a acompañarnos en el acto de Lanzamiento Oficial del mismo, que se realizará dentro de la 21a Feria Internacional del Libro de Bogotá.

  • Lugar: Stand 141, Pabellón 6, Piso 2, Corferias
  • Fecha: Martes 29 de Abril de 2008
  • Hora: 6:00 PM

Habrá una presentación pre-lanzamiento de este libro, junto a la de los demás productos impresos de Bogotá, Un Libro Abierto, el viernes 25 de abril a las 6:00 PM en el Auditorio Tomás Carrasquilla de Corferias.

Adicionalmente, estaremos el domingo 4 de mayo de 3:00 PM a 5:00 PM haciendo una charla y mini-taller de creación colectiva literaria en la sala Tomás Carrasquilla de Corferias, dentro del ciclo de conferencias Las Otras Literaturas.

Ante la imposibilidad de publicar todos los textos elaborados por nuestros talleristas, realizamos una selección que busca ser una muestra amplia y variada del trabajo realizado dentro de este proyecto. Todos los textos se escribieron con la asesoría de los directores de los talleres, que aparecemos como coautores de algunos textos, además de nuestro trabajo como editores y correctores de estilo de todos ellos.

Simbiosis Virginal recoge 17 textos de 28 de nuestros talleristas. A continuación, hacemos una brevísima presentación de cada uno de ellos:

*Los Sepultureros – Pedro Francisco Bernal, Orlando Barón Gil.
Reflexión sobre la adicción al trabajo después de la muerte.

*Minicuento de Amor – John Alexander Vera Chacón.
Minificción de género negro, recrea las llamaradas del placer trinitario y deja al lector noqueado sobre los carbones apagados de un ring interior.

*Casa de Muñecos – Violeta Leuro, Néstor Pedraza.
Una casa de puertas y piernas abiertas donde la verdad, la aceptación y la entrega serán un sueño inocente en medio del infierno.

*Gas de Pantano – Olga Alvarez, L. C. Hamilton.
Nos sumerge en los vericuetos de un mundo en el que las drogas no sólo son legales, sino obligatorias.

*Inanna – Leonardo Serrano Pineda.
Texto donde la filosofía griega hace guiños torcidos, para desenmascarar las vías tortuosas que suele escoger el erotismo en sus víctimas.

*Blanco y Negro – Rosa María Moreno, Néstor Pedraza.
Última significación del dinero en su forma física, mezclada de manera perfecta con los elementos de la fábula.

*Epílogo del Bosque Rojo – Magyory Forero, Jelymaibet Bustos, Alex Acevedo. La inutilidad de ser joven y el carácter superfluo de la existencia prolongada por medio de la tecnología.

*La Caridad – Julieta Loaiza.
Evoca la literatura costumbrista, dejando percibir los ecos de Juan Rulfo y la sordidez acaramelada de la vida rural.

*Las Filigranas del Placer – Augusto Ramírez Ospina.
Un texto veloz, marcado por la influencia del celuloide y con un humor muy bogotano.

*Marido para Tres – María Teresa Niño Farfán, Mónica Liliana Trujillo, Marcelo Del Castillo.
El lector no dejará de burlarse de la suerte del protagonista, mientras redescubre su propia vulnerabilidad y se contenta con la vaga idea de que eso sólo le pasa a los demás.

*Carne Salada – Laura Valbuena, William Cuevas, Frank Jiménez.
Cuando el hambre apremia, no hay pan duro que valga, y cuando las cosas se ponen difíciles, siempre cabe la posibilidad de un bono que las empeore.

*Vampihumafauniburus – Carolina Pérez, Iván René León, Alex Acevedo.
Cuento protagonizado por un volátil excéntrico, un árbol que camina, una mujer horrenda y una flor pestilente.

*Amor en Trance – Diana Carolina Romero, Lilian Patricia Alvarado, Néstor Pedraza.
Letras, drogas y espejos en maridaje infernal, constituyen la cotidianidad de un hombre que perdió la lucha contra su reflejo.

*Ramiro Buenavida – Carlos Andrés Vargas Pineda.
Un verdadero vampiro criollo, sin capa ni abolengo, pero con una visión muy clara de la vida: hay que comer sin trabajar.

*Gusano De La Luna – Augusto Lozada, Edgar Felipe Amaya.
Las vicisitudes o las alegrías del que se sirven de marco a una aguda disección del poder de la palabra.

*Médulas ¡Pop! – Adolfo Villafuerte, Luisa Sánchez, Leonardo Pardo, Carlos Ayala.
Una epidemia de falta de fe, muy parecida a la que campea en nuestros días, sirve de escenario para la historia de unos brinconcitos que salen a hacer la vida a punta de balín.

*Cena para Dos – Norma Moreno.
Un destacado forense de medicina legal se obsesiona con un caso de aparente asesinato serial, y esta obsesión lo arrastrará a una cena macabra donde el plato principal tendrá un toque demasiado personal.

Estos cuentos y todos los textos no incluidos en esta antología, están publicados en este mismo blog. Debido a la cantidad y extensión de los cuentos presentados por nuestros talleristas, el proceso de selección fue largo y difícil, pero estamos seguros de que los textos incluidos en el libro representan la variedad de temas y géneros, y la buena calidad, de todos los trabajos de literatura creativa llevados a cabo en colectivo y en solitario dentro de los talleres.

Nuestros más sinceros agradecimientos a todos nuestros talleristas y a todos aquellos que apoyaron nuestro proyecto, y nuestras felicitaciones a los autores incluidos en el libro.

Datos de esta edición: ISBN Obra Independiente: 978-958-44-3153-0. Encuadernación en rústica, policromía, portada plastificada con solapas, interior a una tinta, 180 páginas, 1.000 ejemplares. Diseño de Portada: Néstor Pedraza, Alex Acevedo, Carlos Ayala, Lilian Patricia Alvarado. Diseño de Contraportada: Carlos Ayala, Néstor Pedraza, Alex Acevedo. Diseño Interior: Néstor Pedraza. Edición y Corrección de Estilo: Alex Acevedo, Néstor Pedraza, Carlos Ayala, Yenny Karonlains Alarcón. Impreso por D'Vinni en Bogotá, Colombia, en Abril de 2008.

Simbiosis Virginal es una publicación de Las Filigranas de Perder con el apoyo de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, D.C. Libro de distribución gratuita, con algunos derechos reservados según licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 2.5 Colombia. Está expresamente prohibida su venta y cualquier uso con fines de lucro.

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