Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Moreno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Moreno. Mostrar todas las entradas

Blanco y Negro
Rosa María Moreno, Néstor Pedraza

Esta es la historia del marrano Blanco que entregó su corazón al marrano Negro, y se lo volvió un chicharrón. Cuenta el sapo que Blanco era tan feliz, que sólo se le vio triste por aquel marrano Negro que conoció en lo profundo del bosque del billete de cinco mil. Cuenta que Blanco pasaba la mayor parte de su tiempo en el lago del señor Santander, donde nunca corre el tiempo y todo es siempre igual. Le gustaba ir allí porque era tranquilo y porque las calles que rodeaban el lago eran el camino más corto hacia su marranera. Vivía con la señora Policarpa y nada le faltaba.

Una tarde en que las hojas secas caían de los árboles, Blanco fue en búsqueda de su amigo el sapo en el espeso y sombrío bosque del señor Silva. Allí, en lo profundo, escuchó unos sollozos que le causaron curiosidad. Se acercó con cautela y se escondió tras la sombra de un arbusto, mientras Negro elevaba una plegaria a la luna: “Aquí, frente a ti, cierro el libro de muchos capítulos que nunca han tenido final.” Se acostó frente al pedestal que había utilizado para su ritual y guardó un silencio inflexible hasta que su garganta se encendió en altas llamaradas. “Tempestades se acercan al corazón de este enamorado, es el huracán de mi amor que promete no olvidarte.” Blanco pisó una rama y llamó la atención de Negro, que sorprendido se levantó, se acercó y al verlo bajo el arbusto le preguntó airado: "¿qué haces aquí, de quién te escondes?" Blanco sintió un escalofrío desde la punta de su hocico hasta su crespa cola, y con voz temblorosa contestó: “De ti”. Negro no le dio importancia y rehizo sus pasos hacia el pedestal. Blanco se acercó con un pensamiento repetitivo: “Es hermoso, atractivo, y tiene un hocico tentador.” Con miedo le preguntó: "Qué te pasa, ¿pudo ayudarte?" Negro se mostró agresivo, “no, no puedes hacer nada por mí, son mis cosas y si te las cuento dejarán de ser mías.” Blanco se retiró triste y atravesó el bosque, sintiendo el viento rozar por todo su cuerpo. De improviso saltó el sapo frente a él con una gran sonrisa. Le saludó y al notar su tristeza le indagó sobre lo que le sucedía. Blanco, abatido, le contó sobre Negro y lo cautivado que estaba por él. El sapo soltó una carcajada, “te has enamorado”. Blanco rechazó la idea vehemente, "no conozco el amor y no quiero conocerlo". Salió de prisa hacia su marranera, el viento golpeaba con más fuerza su cuerpo dejándole moretones en la suave piel blanca. Llegó frente a su ama Policarpa y pasó sin saludarla. Se encerró en su marranera buscando soledad para sacarse las musarañas de la mente, repitiéndose una y otra vez que debía eliminar las luces que habían llegado a su alma, oscurecer su ser y así reencontrar la paz.

Pasó el tiempo y Blanco decidió retomar su vida. Cuando el bosque recuperó el color tierra y las noches se hicieron tibias, caminó de nuevo por sus parajes favoritos y sin querer encontró a Negro, echado bajo el peso de su depresión. Temeroso se acercó, se arrunchó a su lado, puso su espalda contra el pecho de Negro, entrelazó sus manos, y Negro sin explicación se sintió tan tranquilo como idiotizado, bajo la enorme emoción que le causó la piel de Blanco. La luna fue eclipsada, como Blanco por Negro. Se marcharon felices; desde entonces hicieron frecuentes sus encuentros. Blanco salía con mil excusas de su marranera. Doña Policarpa decidió seguirlo para saber qué estaba sucediendo y los descubrió con estupor. El tiempo del lago era alterado cuando Blanco y Negro unían sus cuerpos y sus almas. Policarpa se sintió utilizada, pues Negro había sido suyo de tiempo atrás. Continuó observando los amalgamamientos de los dos marranos y se cuestionó durante días sobre la forma de hacer volver a Negro con ella, convencida de que el poder de su sexo lo ataría de nuevo a sus noches. Le prohibió a Blanco salir y lo reemplazó en su siguiente encuentro. Negro quedó frío como cubo de hielo al ver llegar a la mujer que había quebrado su corazón, “¿qué haces aquí?” Con una sonrisa, ella se le ofreció para que le hiciera cuanto quisiera. Él la tomó entre sus patas, rozó su hocico por todo su cuerpo, pero no sucedió nada diferente. Ella no sentía su alma, era apenas el contacto con un cuadrúpedo común, y entendió que entre ellos todo había muerto. Se apartó y se fue sin palabras. Negro regresó al pedestal en medio del bosque y habló con la luna como aquella vez que conoció a Blanco. “Las promesas se quiebran como cristales aplastados por la avalancha del tiempo. He encontrado el final de todos mis capítulos y el inicio de uno más real que ningún otro, uno escrito por la tibieza de alguien que me llena con su ternura.”

Corroída por el deseo de venganza, Policarpa los reunió a los dos en el bosque, donde las hojas caían de nuevo y rozaban sus rostros que se llenaron de preocupación al verla con un hacha entre sus manos. Ella había tomado su decisión, todo ocurriría cuando el reloj detuviera su curso. Los separó con brusquedad y sin dudarlo, clavó el hacha en el pecho del marrano Blanco, le sacó el corazón y lo arrojó a una paila llena de aceite hirviente. Luego obligó a Negro a comerlo, esperando que no encontrara más opción que buscar sus brazos para consolarse. A cada bocado, Negro sentía que incorporaba a Blanco a su ser, que se hacían uno solo, que nada ni nadie podría separarlos jamás. Mientras consumía el último pedazo de chicharrón, Policarpa le pedía que no la dejara, que por él vivía, que le ofrecía el alma y la vida entera, que no lo pondría en la marranera sino que lo llevaría a su propia casa. Negro la despreció y desapareció en la espesura del bosque. Nunca se volvió a saber de él.

UN BESO FRÍO
(Basado en un cuento de Evelio José Rosero)

Rosa Moreno

Roberto Grillo, hombre de nariz recta y casi perfecta de 30 años, soñador y emprendedor “como muchos”, pero fumador incontrolable, pasaba interminables horas caminando por las calles; en especial le gustaba visitar parques, restaurantes y ¡como no!, bares, aunque en algunos ya estaba vetado por incumplido. Todos estos lugares le agradaban ya que encontraba innumerables situaciones que lo inspiraban. Un día como cualquiera se dirigía al restaurante donde trabajaba Luna, una amiga de siempre, mas en cada paso que daba deseaba no encontrarse con sus amigos ya que les falló en un toque. Por unos instantes se detuvo en una esquina de la calle 19 y buscó los cigarrillos. Encontró el paquete vacío. Lo estrujó y, sin saber por qué, volvió a guardarlo en su gabán. Antes de entrar al restaurante miró a través de los cristales. Ahí estaban ellos. Le hicieron una seña, con más desesperanza que alegría. Se sentó con ellos y entre todos empezaron a reunir las pocas monedas que encontraban en sus bolsillos. Pidieron el licor más barato, pues con todo el dinero que juntaron se notaba la escasez, y sin más espera comenzaron a beber. Entre charla y trago, hablaron del fin de “Stone of the soul”, la banda que antes conformaban. Uno de ellos, Bileto, el bajista, decía que debían continuar, que como grupo estaban jodidos, pero como banda musicalmente estaban del putas, que todo funcionaría si todos estaban dispuestos… Anazaret y Agares, los guitarristas, se empeñaban en que las cosas funcionarían sacando a Grillo, la voz líder, pues no aportaba nada y sí los metía en líos. En los bares ya no los aceptaban ni los apoyaban y era más difícil para la banda con él a bordo.

Mientras todos discutían, el baterista, que era el más robusto de todos, de un golpe extendió a grillo en el suelo, lo levantó de la solapa y lo lanzó contra la pared diciéndole: "usted guiñapo, payaso, que estudió y sacó una profesión gracias a sus padres, no sirve para nada, su existencia es sólo para causar daño a los que lo rodean.” Exaltado, Grillo se soltó como pudo y les preguntó qué habían hecho ellos con sus vidas, además de dormir con mujeres, fumar, drogarse y tomar licor. Todos se sentaron nuevamente en sus lugares y en una paz tenue como la del mismo cementerio, se miraron unos a otros por un largo rato.

Empezaron a susurrar y a entonar una de sus canciones, que decía algo así: “guerreros de piedra, fumemos hierba, matemos gusanos a nuestros pies”… Agares tomó del hombro a Grillo, "parcero, hermano, sos la voz, la vida de estas letras, la fuerza de esta banda, pero nunca cumples, cada vez que hay toques te escabulles o te drogas, y te pierdes, tan sólo estás para las grabaciones y eso no sirve hermano, ya hablamos y Stone of the Soul llego a su final." Bileto llamó a Luna y le pidió le trajera el paquete que estaba guardando para esta ocasión. Ella, con sus ojos enrojecidos, le entregó esa caja a Grillo sin palabras como quien despide a un muerto con tristeza, y con la seguridad de no volverse a encontrar en el camino se empezaron a ir uno a uno…

Solo y aturdido frente a esa caja que contenía la historia de la banda , Grillo metió sus manos al gabán y se encontró sin dinero. Se levantó y salió de allí confundido, de tambo en tambo llegó a casa de sus padres, sacó las llaves de su bolsillo izquierdo, abrió la puerta, pasó la sala, entró al baño, y luego ascendió al segundo piso. Miró la puerta de su cuarto y recordó que su padre siempre mantenía plata en su mesa. Se dirigió a aquel cuarto, abrió la puerta y los observó con gran tristeza. Como un vil ladrón se escabullo dentro, con gran delicadeza, con sus ojos nublados, buscando un punto fijo en la oscuridad. Se acercó a la mesa, abrió el cajón, tomó unos billetes y al sacarlos rozó algo frío como el mármol. Era un revólver. Le causo gran curiosidad y lo tomó en sus manos. Lo pasó por su rostro como si estuviese siendo acariciado por un ángel, sintió paz, pero lo dejó en su lugar. Al cerrar el cajón, sintió que su padre despertaba y se acurrucó, cerró sus ojos, respiró profundo y por unos instantes se quedó inmóvil, para luego salir rápidamente de allí.

Grillo llegó de nuevo al restaurante, entró y Luna trató de tranquilizarlo, de convencerlo que no bebiera más, que todo estaría bien para mañana; pero él le pidió cigarros y tres botellas del mismo licor “que aunque barato en verdad embrutece”. Salió de allí enloquecido, bebiendo y gritando "¡la muerte me llama y susurra a mi oído!"

Llegó al parque de los niños muertos, donde habían estatuas que reflejaban inocencia y miradas perdidas. Grillo se sentó en el centro de ese lugar, terminó su primera botella y dos cigarrillos, destapó la otra y con gran sorpresa vio llegar a Luna con esa caja de cartón entre sus manos. Ella se sentó frente a él y trató de convencerlo que todo estaría bien, que no se preocupara, que todo tenía solución, que tan sólo era cuestión de volver a empezar. Le puso muchos ejemplos de volver a renacer, como el ave fénix o tal vez una flor de loto, que es símbolo de la lucha incansable contra el fracaso.

Pero él no entendía razones, tomó los fósforos, prendió un cigarro y empapó en licor los demos, afiches y letras de la banda. Soltó el cigarro dentro de la caja y le prendió fuego.

—Te amo, pero nunca me viste—, le dijo Luna con tristeza. —Estuve en la oscuridad, esperando por ti, te cegaste por la poca fama que tuviste, pero basta ya, porque desde ahora te quedas solo, sin amigos y sin quien te ame…

Grillo tan sólo pensaba en terminar con esa vida que para muchos no tenía mucho sentido y por un momento de lucidez recordó que como buen vocalista siempre guardaba en el bolsillo de su camisa una grabadora… Empezó a grabar lo que serían sus últimas líneas como el último susurro del viento.

—Por fin cae la noche… su frío envuelve mi cuerpo y llena de placer mi mente, estoy con estas inocentes almas muertas, el silencio se extiende y me hace entender que mi alma está igualmente muerta, hoy madre te pido perdón por no ser lo que quisiste que fuera desde que nací y te doy gracias por haberme dejado ser yo, aunque ahora no me queden más palabras y tan sólo te dejo el frío del sepulcro, de una vida que diste a luz en el mundo, perdón. Dile a papá que él tenia la razón en muchas cosas, mas no le eches la culpa a él, mi muerte es tan sólo el resultado de mi existencia, hemos nacido para morir, nunca se supo quien era el primero… mas hoy yo tomo esa decisión ya que soy el hacedor de mi propio destino, y no se juzguen ni se señalen… yo los amé con esta alma que alguna vez tuvo vida, que hoy se desprende con un suspiro profundo de mi cuerpo y deja tan sólo el frío de una ausencia…

Detuvo la grabación, la retrocedió, la dejó en su bolsillo y se levantó dejando su licor y sus cigarrillos. Salió a correr rumbo a casa. Se quedó frente a ella y la observó por unos instantes con gran tristeza. Con un leve susurro se despidió de ella, entró y se dirigió a los cuartos. Toda ella estaba helada, cada respiro era una despedida y cada despedida un recuerdo. Abrió la habitación de sus padres, entró con mucha cautela, tomó el revólver con su mano derecha, lo metió en su gabán, se paró cerca a su madre y con lagrimas en sus ojos sacó la grabadora, se la puso entre las manos, le dio un beso y sin palabras salió huyendo de allí…

Su madre sintió su corazón latir mas rápido y un vacio en su vientre; empezó a escuchar la despedida de su hijo y dio un grito desesperado. Despertó a su esposo, llamaron a la policía y la pusieron sobre aviso. Enviaron una patrulla al parque de los niños muertos, pero cuando los dos policías quisieron reaccionar, Roberto Grillo sacó el revolver y se descerrajó un tiro en la cabeza.

—Esta noche me dio un beso—, decía su madre, y se lo repetía a todos.

Entradas antiguas Inicio